
La ausencia por vacaciones de Mª Teresa Fdez. de la Vega ha puesto de relieve el papel fundamental que en el gobierno ejerce como directora y portavoz que capea los temporales y consigue que esta banda municipal suene con un mínimo de armonía y sin demasiadas estridencias. Lo digo por las desproporcionadas reacciones que ha habido sobre el escándalo de los 420 euros para los parados que se han quedado sin prestación. Para haber reaccionado así, el clamor en las oficinas del INEM debe haber sido de aúpa, y los fontaneros monclovitas encargados de tomar el pulso a la opinión deben haber detectado movimientos sísmicos de magnitud suficientemente seria como para que tanto a Zapatero como a su Ministro de Fomento se les haya ido la pinza populista. Esto recuerda aquella ocasión en la que al inefable Alfonso Guerra se le ocurrió decir que España necesitaba una ley de hierro para controlar los beneficios de las empresas. Pues bien, Zapatero vuelve a tirar de la cartera del ciudadano para seguir financiando su carrera como Robin Hood global-sobre todo ahora que se avecina la confluencia planetaria con Obama que predijo la astróloga-profetisa, la Srta. Pajín, la de los tres sueldos. El fiel escudero de nuestro quijotesco presidente, José Blanco, acompaña la medida con sugerencias de que se han de subir los impuestos a las rentas más altas. En tanto que Manuel Cháves (a quien podríamos asignar el papel del gracioso de las comedias lopescas) hace un ejercicio de tautología castiza afirmando que en los próximos meses habrá más destrucción de empleo y, además, un aumento del paro. Arsa.
Independientemente de que esto sea un globo sonda, o una maniobra de distracción (o ambas cosas), hay que dejar bien claro desde el principio que los impuestos son siempre necesarios, y es justo que los que más tengan paguen más: es el precio, justo, que hay que pagar por el estado de bienestar. Pero también debemos exigir a los gobernantes que administren el bien común (i.e. la caja del estado, que es de todos) de forma racional, y sobre todo que no lo derrochen en medidas electoralistas y populistas, porque eso, a la larga, erosiona al propio estado del bienestar.
Habrá que dilucidar, en primer lugar lo que entiende J. Blanco por rentas altas. Porque las rentas más altas, y los superricos, tienen formas muy fáciles de eludir impuestos: las sociedades tributan al 25%, en tanto que las rentas de personas físicas que superan ciertas cantidades pueden llegar hasta el 45%, y según me cuentan (no soy ningún experto fiscal), las SICAV, que son los instrumentos de inversión de los verdaderamente ricos, tributan todavía menos. Habrá que preguntarse si este cambio repentino (hace nada Zapatero proclamaba que bajar los impuestos es de izquierdas) lo va a aplicar también al criterio de distribución de la riqueza entre los diferentes territorios del estado, y no sólo de los ciudadanos.
Hay un peligro inherente en cargar a los asalariados, a la clase media con una carga de impuestos mayor todavía de la que ya sufre, porque deteriorar la situación de la clase media, y aumentar el déficit sin hacer nada por reactivar la economía desde las bases-con políticas que fomenten el empleo y la inversión, y no parches que tapen la falta de ambos-nos puede llevar a situaciones como la que se vive en Argentina o en Italia. Si a esto le unimos la debilidad de ciertas instituciones (léase judicatura, o tribunal constitucional) y el clientelismo político que fomenta el partidismo y el estado de las autonomías, tenemos una fórmula de un peligroso potencial. ¿Será nuestra clase política lo suficientemente responsable como para abordar estos problemas, y realmente mirar por los intereses a largo plazo de los ciudadanos, y no por hacer demagogia y mandar mensajes efectistas para mejorar las encuestas y ganar las próximas elecciones? Lo visto hasta ahora no es como para estar muy optimista, precisamente.
En el corto plazo, según todos los analistas, y según el propio gobierno, los datos van a ser todavía peores. Hemos de estar preparados por tanto para oir más declaraciones y ver más aspavientos de este tipo a lo largo de los próximos meses. Es el tipo de retórica que aglutina al electorado de izquierda, y viene muy bien sobre todo para tapar las vergüenzas de un gobierno que antes de las elecciones no sólo negaba la existencia de la crisis: también prometía el pleno empleo. Un gobierno que alienó a Pedro Solbes, partidario de no aumentar el déficit. Un gobierno que ha ido improvisando una política económica deslavazada, llena de buenas, pero hueras, intenciones. Un gobierno que va a remolque de la situación mundial, a la espera de que los demás nos saquen las castañas del fuego. Como muestra un reciente botón: vean el gráfico de arriba, tomado del último número de The Economist. En tanto que Francia, Alemania, Portugal e incluso Grecia, empiezan a crecer (eso sí, tímidamente), España va al final de la cola, y retrocediendo-si el gráfico además incluyera el creciente déficit, sería verdaderamente terrorífico. Conviene que la opinión pública no se entere de esto, y por eso hay que seguir aumentando la crispación en los medios (con la inestimable ayuda de los cleptócratas del PP), y levantando la bandera de defensor de los pobres. Cuando no se tienen planes, ni ideas, hay que recurrir a la agitación. Valete.
P.D. Otros dos medios internacionales en los que volvemos a ser noticia (y no precisamente por buenas razones) son el Financial Times (que subraya el impacto negativo de nuestro hipertrofiado y caótico sistema de múltiples administraciones sobre el gasto público), y el New York Times , el cual señala entre otras cosas, que a pesar del plan de inversión pública del gobierno, corregir los desequilibrios de una economía basada en la construcción y el turismo puede durar años (y la responsabilidad por este modelo de crecimiento está repartida entre PP y PSOE). Si quieren animarse, y leer noticias positivas, siempre pueden leer Público: por algo el consejo de ministros del 13 de Agosto, además de los fastuosos 420 euros, aprobó la TDT de pago, con la que Roures se va a forrar. Todo ello, como no podía ser de otra forma, tiene de los nervios a J.L. Cebrián (quien, en su día, por cierto no chilló cuando Prisa se quedó con el monopolio del fútbol de pago). Ya lo dijimos aquí en su día: González tiene a Slim, Aznar a Murdoch, y ZP se prepara un retiro dorado como asesor del grupo mediático que está amasando Roures. Para que luego digan que la historia no se repite.


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